Pedro Gandía | Poesía
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POESÍA

 

 

            La posición del artista, su espacio escénico (estético), se corresponde con su concepción del acto creativo. Yo, en particular, siento la inutilidad de la existencia cuando escribo porque, de sobra sé que, cuando comienza la literatura, acaba la vida. Y, si escribo, es para huir del lugar donde me encuentro. Nuestra obra, una vez publicada, o mejor, una vez que decidimos librarnos de seguir corrigiéndola, genera su propia teoría y determina, querámoslo o no, nuestra posición ante el arte. Ese delirio selvático que constituye todo mensaje artístico y que hizo gritar a Baudelaire, de un modo aterrador y sublime, Tout pour moi deviens allégorie, es lo que confirma la modernidad de nuestras creaciones.

 

            Mi posición ante el hecho poético ha sido, desde siempre, la de un esteta que tiende a crearse una forma ideal del yo por el propio acto de escritura. Bella e inexacta verdad, mentira o ilusión, no siento de otro modo el objetivo mismo del arte, de lo poético.

 

            Concibo la creación artística como un juego “perverso” ―en su significado etimológico de “retorno” o “regresión”, y de “desvío”― en cuyo artificio uno pretende recuperar ese fantasma originario del goce de la fusión primigenia entre el Yo ideal y el No-Yo, idéntico a la fusión del niño con su progenitora en el estado intrauterino.

 

            Nunca me preocupó tener un ars amandi; uno ama, es todo. Y uno escribe, se escribe. Uno se escribe a sí mismo. Mi ars poetica es mi ars vivendi. El arte de vivir es, para mí, el arte de cultivar lo que se me critica. Mis extremos, mi inseguridad, mi infidelidad a mí mismo. Por un arte de la confusión, la confusión de los otros. Es el ars de un indisciplinado sin convicciones, pues toda disciplina y toda convicción envejecen la forma. El ars de un artista desenraizado, siempre extranjero como las nubes. Porque el artista muere cuando se acomoda.

 

            Mi ars poetica surge de mi obra como la respuesta momentánea que me doy a mí mismo, apuntando hacia una propuesta de lectura para luego disparar hacia otra parte.

 

Pedro Gandía, 1990

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