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EL PERFUME DE LA PANTERA

EL PERFUME DE LA PANTERA

Pedro Gandía

SINOPSIS

Diario de una ascensión a los infiernos de lo real, escrito entre 1982 y 1983, viaje iniciático al corazón del vacío, El perfume de la pantera -perfume narcótico de la vida- representa la carne, desde el esteticismo y el malditismo, como materia sagrada. Y se vale del sexo como provocación y rebeldía, la única rebeldía que nos queda.

 

 

 

Ilustración de portada: Pedro Gandía, Yovannis,1995

Editorial: Instituto de Estudios Modernistas, Col. “Jade.poesía”, n.2, 1999, Valencia (España)

ISBN: 84-89278-84-9

78 pp.

 

 

 

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POEMAS

STRANGEWAYS

Interminables años, coleccionando imágenes.

En perfumes, en tactos, en sabores, en músicas.

Fuego o juego de muerte, el sexo del amor.

 

Jóvenes animales, los amantes se sientan

a la mesa del cuerpo. Divine Love, Arcadia.

Tender trampas rituales al blanco de la página.

 

En cada línea, unos, negros felinos mágicos.

Otros, como letales perfumes revelándose.

Se confunden, se encuentran, se mezclan, se extravían.

Existen si los sueñas, y existes porque existen.

 

Cada noche, sus formas de ébano o hematita.

Escribiendo sus nombres, encarnas espejismos.

Y degustas tu vida en su alaska de muerte.

Luz negra, luz profunda de la iluminación.

 

Las sombras y reflejos de todos tus fantasmas,

astros de pronto, incendios, cenizas, nada. Y tú,

Columna de Trajano al claro de la luna.

 

Alienado en el fondo fecundo de los signos,

surcas contra corriente el río de los sueños.

Corcel sin brida, al alba, vuelas en confusión.

Librarte una vez más de tu propia escritura.

 

En lucha con el ángel de la página en negro.

Extraviado en él, su luz indefinida.

Creados y abolidos en un abrazo puro.

 

El alba te susurra su confuso secreto:

Esos trinos que oyes sabes que no los oyes.

Y engañas tu deseo en espiral de hierro.

El discurso vacío o el deshacimiento.

 

Por la ruta de Osiris, en un caballo verde.

A mitad de camino, deja ya de soñar.

Narciso vive en ti de su propio reflejo.

 

La única verdad está escrita en el agua.

El nueve del espejo, la conexión sagrada.

 

Desanudar la red.

 

 EN LA VOZ DEL AUTOR

HECHIZO

desleal a los dioses de todos tus poemas

por estos bellos ídolos con temporizador

 

sus cuerpos se suceden

         como olas en la arena

                     y como olas se rompen

                                       contra tu corazón

 

no te forjes ensueños en mundos desvelados

retírate y acepta el juego de no ser

 

                                   si ayer lo que escribías

                                   querrías revivirlo

                                   hoy no querrías saber

                                   escribir lo que vives

 

 EN LA VOZ DEL AUTOR

DE LA NATURALEZA DE TUS DIOSES

De noche, lentamente, para deshabitarte,

te hundes en no importa qué lumpen de extrarradio

el pensar es idéntico a los entes por quienes

se expresa―, y tomas de ellos la fuerza necesaria

para huir de aquí.

 

Encarnas, en sus cuerpos, los cuerpos que ideaste

dentro del ente impera lo igual ―, y ellos te marcan

el canon de belleza.

 

Seguro que debieron las antiguas deidades

a noches parecidas su configuración

pues una misma cosa es el pensar y el ser ―,

y Hermes y Apolo fueron en los brazos de Fidias

dos putos de a tres óbolos ilustrando los versos

de Parménides.

 

 EN LA VOZ DEL AUTOR

NI A FAVOR DE PLATÓN NI CONTRA TI

Qué más da si quemaste tus días tras ficciones,

si en la arena elevaste tu mundo imaginario,

soñando con tesoros en los golfos de turno.

 

Qué más da si de noche viste en ellos la vida,

y, a la mañana, no eran lo que ayuda a vivir.

 

Deja de preguntarte si ha valido la pena

dedicar tantos versos a un tema semejante.

Lo que creías que eran, lo que son, qué más da.

 

Y qué más da si ahora el sueño no te llega

para reconciliarte con los otros, los míticos,

y rogarles, si tienen sentimientos, que sea

mañana, para ti, qué más te da, un día

distinto,

al fin distinto.

 

 EN LA VOZ DEL AUTOR

SOBRE LA OBRA

"Aproximación a una lectura de Pedro Gandía" por Carlos de la Rica, CALANDRAJAS, PAPELES DE ARTE Y PENSAMIENTO - 05/1991

            Al sereno sosiego, contrastamos el desenfado, el violento entretenimiento de los juegos de amor y artificio de Pedro Gandía; que no quiere decir alejamiento de las trascendencias, solo que llega a ellas por muy distintos y opuestos caminos.

            El desenfado le lleva a los poetas alejandrinos y malditos; desasosiego ―y no pessoano―, inquieto alumbramiento, descubrimiento de un mundo sensual y provocativo. Suenan las insinuaciones, las citas del amor de calle, los tugurios y los deslumbramientos de la belleza del momento; tiene que existir lo más retentivo, lo fotográfico. Cuanto pasa ha de ser apresado.

            Nacido en Minglanilla, los estudios lo llevan a colegios, institutos, a la docencia luego; pero el tirón del alma lo conduce a la música, al color y la figura, a la fotografía. Completa así el canto y la poesía, a los que contempla por vía de la plástica y el sonido. Cuando tropezamos con un poema suyo, evidentemente tocamos y escuchamos. Aunque aún subyace su experimentación en el lenguaje, este se perfila agudo, incisivo, cordial y cortante.

            Por lo dicho, se evidencia el universo pagano y vivo, el culto a lo sensitivo y a lo cambiante. También está presente en su obra la sensibilidad islámica, soterrada, punzante y equívoca, peligrosa muchas veces. Es clara la reflexión mediterránea, con su perpetua inclinación a lo excitante; desgarro y desequilibrio, indolencia, apetencias.

            Sus lienzos en un principio eran estallidos, estrepitosas manchas; luego vino el refinamiento conceptual y apareció sin prejuicios la figura juvenil. De igual manera, el poema está al servicio de la música múltiple de los sentidos sin freno, arrolladores, pegándose a la piel restallante de la cosa. No hay máscara; quizá un antifaz de humor, de salobridad, de pasión, de acidez. Su música es como un estambre vacilante.

            Es indudable en Pedro Gandía el cosquilleo lúdico de su asentamiento valenciano, levantino, azul y oro mediterráneos. Casi me atrevería a adivinar, en su formas de hacer, los preludios que anteceden a Plauto y son procacidades en Aristófanes; un lenguaje libertino e irónico, incisivo y malintencionado, donde la situación es inquietante en la misma presentación del relato poético.

            Este poeta conquense-levantino proclama la ventura de la libertad, liberándose él mismo de cualquier prejuicio. La realidad de su canto no es otra, y él no desea traicionarse.

"El Perfume de la Pantera de Pedro Gandía" por Miguel Romaguera, DIARIO MÁLAGA-COSTA DEL SOL - 02/07/2000

Evidentemente, es el componente estético, en su pureza o en su mestizaje con la idea, lo que da valor a la poesía. Lo demás es simplemente anecdótico. Lo que atrae de un poema es ese deslumbramiento que despierta los sentidos introduciéndonos en un mundo distinto, nuevo, recreado. Hay que saber extrapolar el elemento narrativo que quizá, de uno u otro modo, es inherente al discurso.

            A partir de Milton hallamos unas nuevas claves para la poesía: de un lado, lo que se revela, desde un cierto pragmatismo, como fundamental, por el hecho (facticidad) único de su manifestación o revelación, y, como complemento, la fuerza retórica, el tropo, que, consecuentemente, acompaña un texto o un determinado fragmento de texto, haciéndolo emergente por su, digamos, dinamismo figurativo.

            Esta clase de poesía post-miltoniana que no ha reaccionado contra el elemento perverso ―Sobre rojo satén, satán adolescente. / Cupido del Broncino al claro de la luna. / La Cyntia de Propercio como cándido Alexis. / Desnudo de magnolias y azucenas perversas. p.43―, acaso de raíz protestante, es, posiblemente, elitista dentro de la élite, pues representa un mundo antagónico al trabajo realizado por aquellos poetas que sí han revisado el texto precursor.

Pero lo que interesa es estudiar el fenómeno por el que lo emergente, como estética del texto precursor, sirve de nexo a ambas corrientes o modalidades literarias. Es lo que nos confirma la idea de que el componente estético siempre prevalece en el arte.

El perfume de la pantera pertenece a esa clase de libros que se han dejado arrastrar simplemente por el fulgor de la belleza, sea del tipo que sea, sin detenerse seguramente a reflexionar sobre ella desde otra perspectiva ―hiciste imprescindible la belleza/ de los cuerpos que amaste porque fueran / la excusa y argumento de tu vida // eliges la belleza de los cuerpos /que no saben amar para que sean / la excusa y argumento de tu obra p.63―.

El elemento irónico es, en esta poesía, lo que modaliza la figuración de lo escénico, es decir, el elemento que hace que el discurso exista en tanto experiencia, conocimiento, sagesseEse macarra ebúrneo, de auríferos cabellos / Y ojos claros, que emula arcángel de Dalí, / Plata de aurora hiriente, tras infinita noche, / Fulge como el veneno de una daga muy kitsch p.29―.

El perfume de la pantera es un texto que opera sobre el lector a través de una concepción del cosmos –belleza– entendido como un absoluto. Más allá de cualquier dualismo, estos poemas derivan hacia la tentativa de establecer un estado de cosas avenido con la afirmación del hecho del conocimiento como realidad absoluta.

Hay, por otra parte, una sólida conciencia de autoría, lo que permite al poeta deslindar realidad y ficción y consagrar la ficción como auténtica realidad, a través de un ludismo particularmente original, un ludismo de base erótica cuyo contrapunto es una especie de vacío gnóstico de reminiscencias parcialmente valentinianas.

Esta poesía mana de fuentes arcaicas. La cultura humana, en su vertiente artística, es un componente fundamental para entender el porqué de esa insistencia, pese a todo, en la poesía, como forma adecuada para saborear el enigma de la existencia.

La mitopoiesis clásica se funde con el mito de la modernidad conformando un mundo interactivo entre ambos aspectos: nos hallamos, en suma, ante la actual pluridimensionalidad de nuestro milenio. Estos estratos, a juicio del autor, podrían ser topoi universales en el espacio o en el tiempo, como en el mito del eterno retorno, o como en la imagen platónica de una especie de inmovilidad en devenir, o, más exactamente, del tiempo como la imagen móvil de la eternidad.

En esta poesía se entrecruzan los hilos de los misterios eleusinos, órficos, egipcios, tratados desde una perspectiva integradora en relación a la sabiduría, cada vez, acaso, más consciente de otro tipo de idealización, menos próxima a la finitud de la belleza y más cerca de la infinitud de la experiencia, en forma, quizá, de penetración psicológica ―Das la espalda al amante del espejo / Y es el dios en tu cama / Chapero, donna stellata // Osiris divididO // Osiris redivivO // El tNSItO secreto / de las / partes p. 22―.

De modo que los dioses son máscaras y, tras ellos, tan sólo el “sacrificio” ritual y escénico de Eros, lo que el autor llama la carne como materia sagrada, su perfume de pantera, semejante a un narcótico salvador.