Pedro Gandía | Escultura
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ESCULTURA

Tótem IV

In ESCULTURA

Tótem III

In ESCULTURA

Tótem II

In ESCULTURA

Tótem I

In ESCULTURA

Palmera muerta

In ESCULTURA

Diablo

In ESCULTURA

Espíritu de guerrero

In ESCULTURA

Príncipe guerrero

In ESCULTURA

Guerrero

In ESCULTURA

Hermes

In ESCULTURA

Escala

In ESCULTURA

Ying – yang

In ESCULTURA

Antena

In ESCULTURA

S/T

In ESCULTURA

Sagitario

In ESCULTURA

El árbol del jardín

In ESCULTURA

Verde luna

In ESCULTURA

Pájaro y pozo

In ESCULTURA

Árbol

In ESCULTURA

Pedro Gandía Escultura. Nace el 4 de agosto de 1953, en Minglanilla, donde reside hasta los nueve años. Cursa estudios secundarios en Cuenca, ciudad que lo marcará despertando en él, con su Museo de Arte Abstracto, el gusto por el arte, a lo que contribuirá su amistad con Fernando Zóbel. Y por la Literatura, placer que le descubrirá su profesor, y también amigo, Vicente Tusón. En 1972 se traslada a Valencia y se matricula en el Conservatorio Superior de Música y en la Escuela de Artes y Oficios Artísticos, disciplinas que luego abandonará por los estudios de Filología. Sus estancias en París, entre 1974 y 1976, marcarán su educación literaria, y el mundo museístico de la ciudad, así como después sus estancias en Roma, Florencia y Londres, reavivarán en él su placer por la creación artística. Ha sido pintor (1982-1992), escultor (1996-1999), profesor de Literatura, marchante de arte y director de las colecciones “Jade”, de narrativa y poesía, del Instituto de Estudios Modernistas. En 2016, retoma los pinceles para pintar, sobre algunos de sus antiguos lienzos, su serie “Elegías”.

La posición del artista, su espacio escénico (estético), se corresponde con su concepción del acto creativo. Yo, en particular, siento la inutilidad de la existencia cuando escribo porque, de sobra sé que, cuando comienza la literatura, acaba la vida. Y, si escribo, es para huir del lugar donde me encuentro. Nuestra obra, una vez publicada, o mejor, una vez que decidimos librarnos de seguir corrigiéndola, genera su propia teoría y determina, querámoslo o no, nuestra posición ante el arte. Ese delirio selvático que constituye todo mensaje artístico y que hizo gritar a Baudelaire, de un modo aterrador y sublime, Tout pour moi deviens allégorie, es lo que confirma la modernidad de nuestras creaciones.

 

Pedro Gandía Escultura. Mi posición ante el hecho poético ha sido, desde siempre, la de un esteta que tiende a crearse una forma ideal del yo por el propio acto de escritura. Bella e inexacta verdad, mentira o ilusión, no siento de otro modo el objetivo mismo del arte, de lo poético.

 

Concibo la creación artística como un juego “perverso” ―en su significado etimológico de “retorno” o “regresión”, y de “desvío”― en cuyo artificio uno pretende recuperar ese fantasma originario del goce de la fusión primigenia entre el Yo ideal y el No-Yo, idéntico a la fusión del niño con su progenitora en el estado intrauterino.

 

Pedro Gandía Escultura. Nunca me preocupó tener un ars amandi; uno ama, es todo. Y uno escribe, se escribe. Uno se escribe a sí mismo. Mi ars poetica es mi ars vivendi. El arte de vivir es, para mí, el arte de cultivar lo que se me critica. Mis extremos, mi inseguridad, mi infidelidad a mí mismo. Por un arte de la confusión, la confusión de los otros. Es el ars de un indisciplinado sin convicciones, pues toda disciplina y toda convicción envejecen la forma. El ars de un artista desenraizado, siempre extranjero como las nubes. Porque el artista muere cuando se acomoda.

 

Mi ars poetica surge de mi obra como la respuesta momentánea que me doy a mí mismo, apuntando hacia una propuesta de lectura para luego disparar hacia otra parte.

 

Pedro Gandía, 1990