BURDEL | Pedro Gandía
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BURDEL

BURDEL

Pedro Gandía

SINOPSIS

Burdel presenta un juego radical contra el valor, el arquetipo, la tradición pero también contra el molde caduco de la novela. Ejercicio de estilo, de trasgresión por encontrar la frase justa, con guiños a Poe, a Rimbaud, a Nietszche, a Aleyster Crowley y a otros malditos que jugaron con dinamita.

En la primera página, el autor nos expone la filosofía y génesis de la composición. Creación de un personaje, Aleixander C., que a su vez se recrea en un Cuaderno de rodaje, al tiempo que refleja sus ideas en un Bloc de notas. El lector podrá alternar la acción con las ideas; un argumento mínimo y repetitivo y las marcas temporales, en ambos textos, lo facilitan.

El autor nos adentra en la privacidad de su personaje, al que idea como «esteta, exota, amoral, diletante y esnob». Y lo ubica en una Arabia Feliz (irónica Xanadú) ni mítica ya ni salvaje: civilizada. ¿El desenlace? No lo hay. En su lugar, el pensamiento de Aleixander triturando a martillazos, entre otras cosas, el error de la moral y de la ley universal que desvirtúan al individuo eliminando lo distinto.

 

Ilustración tapa: Anónimo, Árabe, hacia 1920. Diseño: Pedro Gandía

Editorial: Instituto de Estudios Modernistas, Jade Narrativa, 2000, Valencia (España)

ISBN: 84-95356-15-5

147 pp.

 

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SOBRE LA OBRA

PALABRAS DEL AUTOR

¿La filosofía de esta composición?

Destrozar con estridencia y a martillazos los conceptos supremos (que son los más vacíos). Radicalización, juego de desarticulación y ruptura, estética de perversión.

Para ello, crearía una voz discordante. Sería esteta, exota, amoral, diletante y esnob. Número 3, el artista, el hijo condenado a no tener sucesión. Su nombre, Aleixander C. (en homenaje a Aleyster Crowley y a su filosofía del «Haz lo que Quieras»).

Como ejercicio de suspensión de vida, Aleixander llevaría un Cuaderno de rodaje en la Arabia Feliz (si no existe, la pinta, mítica y salvaje). Visión de interior, entre las imágenes que materializa y las ideas que concibe. Con toques al fetiche Rimbaud (el Hôtel de l’Univers, la residencia de aquel artista, tratante de armas y de esclavos; y Djami, perro callejero y muerto de hambruna, amigo de Abdoh Rimb en Harar que aquí habría de ser ciudad portuaria por el simbolismo del agua).

Relato no ficción, cinéma-verité (con zoom y al microscopio) y mística del cuerpo y los sentidos. Entre la seriedad y la ironía. Fragmentación, repetición warholiana, discurso vacío.

En el lugar del desenlace, lo que habría de proporcionar apariencia de lógica y de causalidad a lo relatado, un Bloc de notas, el pensamiento del personaje. Un ejercicio de reajuste de la mirada, a través de la inversión de los valores. Y contra la hipocresía del Bien: contra la moral, debilidad del cerebro; contra la razón, que domestica…etc.

El título, una palabra, al final.

«Burdel» fue la primera que se me ocurrió, el signo más evidente de la vida civilizada. (pág. 9)