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RICARDO LLOPESA. LA POESÍA DEL YO

RICARDO LLOPESA. LA POESÍA DEL YO

 

PEDRO GANDÍA / Gorc, Valencia ― 12/1994

 

 

            En el panorama literario en lengua castellana, el nicaragüense Ricardo Llopesa (Masaya 1948), afincado en España desde 1965, viene destacando hasta hoy, anto en el terreno de la investigación de temas sobre el Modernismo como en la crítica literaria. Frutos, hasta ahora, de este quehacer son sus ediciones de varios libros de Rubén Darío, así como su constante colaboración en las más prestigiosas revistas especializadas de España y América

            Este polifacético escritor, que ya nos dio muestra de su dominio narrativo en su relato biográfico El hombre de los ojos de buey, recogido en el volumen antológico Narraciones hispanoamericanas de tradición oral (Madrid, Novelas y Cuentos, 1972) y de su buen hacer de traductor en los Pequeños poemas en prosa de Catulle Mendès (Valencia, 1991), al igual que de su capacidad artística en varias exposiciones de pintura y de fotografía, acaba de sacar a la luz una selección de su obra poética y juvenil, comprendida entre 1966 y 1975. La entrega lleva por título Vida breve (Valencia, Instituto de Estudios Modernistas, 1994) y, ya en su prólogo, el poeta nos recalca su disentimiento personal en cuanto a las modas literarias, rechazando para sus versos, que califica de “autobiográficos”, las confusas e imprecisas etiquetas de “poesía de la experiencia” o de la “nueva sentimentalidad”, para insertarlos en esa “poesía del yo”, sin otra ideología que la de nuestra condición de seres humanos.

            El poemario se divide en dos partes bien diferenciadas. Gozo de la destrucción y Poemas cívicos. La primera, no solo por ser tres veces más extensa que la segunda como por contener en esencia el poemario, podría configurar por sí misma la entrega. Se trata de dieciocho composiciones donde el enunciado textual o “tú lírico” es siempre la mujer, dándose en el lenguaje poético una función apelativa y una actitud o focalización apostrófica. Ese “tú” queda configurado de muy distintos modos: hay un “tú” de exaltación en el que el hablante lírico sitúa a la amada en un plano superior divinizándola ―Ojos de mujer divinizada―; aunque el “tú” dominante es el de la confidencia amorosa. El “tú” lírico es el centro del centro: el centro del mundo como lugar de la manifestación, de la revelación del sentido de la vida. Y es particularmente significativa una de las composiciones que cierran esta primera parte, “Ahora que has partido”, tal vez el poema más logrado, inserto en el “tú” de la trascendencia y que guarda la clave que desvela el sentido simbólico del topós de la amada en la poesía llopesiana. Si Bécquer se preguntaba dónde va el amor cuando se olvida, Llopesa afirma que todo final es un principio: porque toda partida / inicia el regreso / de otro nombre que lo sustituye.

            Cinco poemas componen la segunda parte del libro, agrupados bajo el título Poemas cívicos. Son el contrapunto de los anteriores, dentro del “tú” de la lamentación y en un tomo elegiaco: la pérdida del amigo ―”Metamorfosis”, a la memoria de Germán Gaudisa―, la nostalgia de la patria ―”Patria”― o la elegía a su propio país, simbolizado en su capital destruida ―”El terremoto de Managua”―.

            Amor y muerte se enfrenta, pues, en Vida Breve. No hay unión de contrarios sino lucha: Sobre estas ruinas / se miran ruinas, / la vida no tiene sentido, es algo extranjero. El discurso latente del poemario es ese “gozo de la destrucción” que entroniza el signo artístico renovador, espejo del Llopesa iconoclasta que, tanto en su obra creativa como, sobre todo, de investigación y de crítica, lucha por desmontar los dogmatismos de esa “literatura del poder” y adelantar el futuro.