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LAS QUIMERAS Y OTROS POEMAS

LAS QUIMERAS Y OTROS POEMAS

Gérard de Nerval

Las quimeras y otros poemas

SINOPSIS

 “INICIADO”“Vestal”“Hijo del Fuego”. Así gustaba llamarse Gérard de Nerval (París, 1808-1855), el poeta más puro y moderno del Romanticismo francés, precursor del Simbolismo junto con Baudelaire y el antecesor más profundo del Surrealismo, siempre adelantado a Breton.

 

           Se reúnen aquí sus mejores versos: los insólitos e intangibles sonetos de Las Quimeras, fruto de su fecunda locura, sin precedentes en la literatura francesa, y una precisa selección del resto de sus poemas; desde el primero, que compusiera con apenas trece años, hasta el último, su “Epitafio”, escrito poco tiempo antes de aparecer ahorcado en una sórdida calleja del viejo París.

 

 

Autor: Gérard de Nerval

Selección, traducción y prólogo de Pedro Gandía. Edición bilingüe.

Ilustración de cubierta: Diego Jordán.

Editorial: Visor Libros, 2018, Madrid (España)

ISBN 978-84-9895-349-7

164 pp.

 

 

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SOBRE LA OBRA

"Nerval, un visionario", por Francisco Onieva, DIARIO DE CÓRDOBA, Cuadernos del Sur, 22/11/2019.

Gérard de Nerval (París, 1808-1855), pseudónimo de Gérad Labrunie, concibe la poesía como un instrumento de conocimiento que le permite percibir, aunque sea de un modo fragmentario, otra realidad que está más allá del mundo sensible y que, por tanto, escapa a los sentidos ordinarios. Así pues, el poema desborda los límites sensoriales corrientes al intuir que existe otra realidad, la absoluta, que nos sobrepasa, y adentrarse en la frágil frontera donde se funden la vigilia y el sueño, la fantasía y la realidad, la consciencia y el inconsciente, lo mundano y lo místico, como nutrientes que posibilitan el retorno a lo telúrico y a lo primigenio. De este modo, se alcanza un estado de conocimiento interior y de plenitud en el cual la imaginación creadora se convierte en la llave para intuir el misterio que sustenta nuestra existencia.

 

La locura, pues, estimula de manera inquietante y sorprendente su imaginación y le permite, además de ir más allá del razonamiento y de los sentidos, tantear, aunque sea a ciegas, entre los significados ocultos que dicha realidad presenta ante los ojos del ser humano, estableciendo, así, una serie de fértiles correspondencias entre ambos planos.

 

El poeta más interesante del romanticismo francés es, por tanto, un auténtico visionario, cuya obra es considerada como precedente del simbolismo y antecesora del surrealismo.

 

En el presente volumen se reúnen sus poemas más significativos. Además de los sorprendentes y evanescentes sonetos de Las Quimeras, Pedro Gandía, autor de la selección, de la traducción y de un interesante prólogo, recoge veinticinco composiciones, desde el inicial «L’Enfance», escrito con apenas trece años, hasta su «Epitafio», que está compuesto poco antes de «librar su alma en la calle más oscura que pudo encontrar», en palabras de Charles Baudelaire.

 

https://www.diariocordoba.com/noticias/cuadernos-del-sur/nerval-visionario_1337985.html

“Las Quimeras del desdichado Gérard de Nerval”, por Miguel Ángel Ordobás, EL PERIÓDICO DE ARAGÓN - 16/05/2019

Tal vez a Gérard de Nerval le suceda como a algún grupo musical: son autores de una producción artística de primer nivel, pero básicamente se les recuerda por un pequeño fragmento que hace olvidar -injustamente- el resto de su obra. En el caso del poeta francés esa parte que oculta el todo es su poema El desdichado, así con su título original en español, cuyos primeros versos resuenan en la memoria de todo degustador de poesía: Je suis le Ténébreux, –le Veuf–, l’Inconsolé, / Le Prince d’Aquitaine à la Tour abolie.

 

Esos versos abren Las Quimeras, que ha publicado Visor en su colección de poesía con edición y solvente traducción de Pedro Gandía, quien ha añadido otros poemas de Nerval para ofrecer una antología poética comprensiva del autor, ordenada de forma cronológica.

 

La parte principal de la antología, no obstante, son esas quimeras que constituyen la cima creativa de Nerval. Bajo la férrea arquitectura del soneto, y dotados de una musicalidad que hace agradecer la edición bilingüe, en estos versos se funden religiosidad con paganismo, luminosidad con tinieblas e historia con presente. El autor se apoya en una sólida base clásica para construir unos poemas en los que lanza miradas que van más allá del horizonte más evidente de la realidad. No es casual que Breton y los surrealistas le reconocieran como uno de sus precursores.

 

La biografía de Nerval también ha oscurecido en ocasiones su auténtico valor creativo: atenazada por la locura, la mala estrella y el abuso de sustancias varias, ha sido objeto de seducción por los amantes de las existencias extremas. Sin embargo, y aunque más de una vez se asoma en ellos el delirio, se pueden degustar sus versos simple y llanamente por lo que son: una excelente muestra de buen hacer poético más allá de todo malditismo. Incluso cuando confiesa: «Me aburre y pesa este buen tiempo».

 

https://www.elperiodicodearagon.com/noticias/escenarios/quimeras-desdichado-gerard-nerval_1362479.html

“Gérard de Nerval, el poeta más loco y romántico de París, que terminó ahorcado” por Bruno Pardo Porto, Madrid, ABC Cultura - 15/03/2019

Llegó a este mundo antes que Rimbaud Baudelaire, cuando ser maldito todavía no era una virtud literaria y las biografías no pesaban tanto como los versos, aunque en su caso todo eso ya se avecinaba, como un anuncio, como una condena. Gérard de Nerval (1808-1855) nunca trazó la frontera entre la realidad y la ficción, quizá porque siempre vivió en el territorio del sueño, donde esas palabras no tienen sentido. Desde allí, tan lejos como cerca de su París natal, por el que se paseaba con ademanes excéntricos, escribió una obra febril y fantasmagórica, propia del mito, que abrió las puertas por las que llegarían a este mundo los vientos del simbolismo y el surrealismo.

 

Nerval, que en realidad se apellidaba Labruine, se supo poeta desde siempre. Con dieciséis primaveras, cuando compartía clase con Théophile Gautier, otro futuro titán de las letras, publicó su primer poemario. Y solo dos años más tarde, en 1827, se embarcó en la traducción de la primera parte de «Fausto». Cuando la leyó, el mismísimo Goethe dijo que aquello era un «prodigio de estilo» y que Nerval llegaría a ser «uno de los más puros y elegantes escritores de Francia». No se equivocó, aunque le faltó añadir que también firmaría, con su sangre, una de las existencias más trágicas del siglo XIX.

 

Siempre escribía, pero tuvo que ganarse los panes como aprendiz de imprenta o periodista, oficios que compaginaba con su faceta creativa. En 1834 recibió una suculenta herencia de su abuela materna, pero no le duró mucho. Se gastó la mayor parte en una lujosa revista de teatro –«Le Monde dramatique»– que fue, sobre todo, un agujero negro financiero. Para entonces ya había conocido a Jenny Colon, su gran amor no correspondido, el alimento de su nostalgia, de su paraíso perdido. De su literatura. Nerval nunca se olvidaría de ella, y sus lecturas, sobre todo la de «Fausto», no hacían más que avivar una llama imaginaria. En 1841 tuvo su primera muestra de locura clínica, que capeó entrando y saliendo de distintas clínicas. Al principio le diagnosticaron una «manía aguda de probable curación», pero su segundo doctor, Émile Blanche, lo declara «incurable» y le recomienda como terapia que escriba mucho… Así que Nerval escribe, y en ese tiempo comienza a tomar notas para «Aurelia», una de sus obras inmortales. Pero todo se desmorona en 1842, cuando fallece Jenny Colon y él cae en una profunda depresión. Para escapar de sus demonios emprende un largo viaje por Asia y África, por lugares donde más que olvidar su locura, la abraza. O mejor dicho: la espoleaba a base de drogas. El cannabis, que consumía con pasión, le acercaba a Dios, tal y como afirmaba en uno de sus cuentos exóticos. Tampoco le hacía ascos al alcohol: «Los bebedores de agua solo conocéis la apariencia más superficial y tosca de las cosas del mundo. La embriaguez, si bien enturbia los ojos de lo físico, ilumina los del alma», sentenciaba. No en vano estamos hablando de uno de los ilustres miembros del llamado «Club de los hachisianos», un lugar por al que acudían personajes de la talla de BaudelaireDumasBalzacFlaubert Délacroix para experimentar con los efectos del opio y del hachís.

 

A su vuelta de aquella travesía, que inspiró su apasionante «Viaje a Oriente», ya tenía clara la superioridad del sueño sobre la realidad, y con esa certeza comenzó a pergeñar los sonetos que componen «Las Quimeras», una obra poblada de una mitología personalísima, de seres que no están aquí y allí, sino en su imaginación, que también es memoria, pues sus visiones eran una fuente de inspiración constante.

 

Estos versos, una de sus cumbres líricas, son, precisamente, los que reinan en «Las quimeras y otros poemas», una antología prologada y traducida por Pedro Gandía que acaba de publicar la editorial Visor. «Si el Romanticismo, la última gran revolución subversiva del espíritu, es una tentativa de sintetizar el mundo clásico y el mundo antiguo, Nerval, el poeta, el loco, el Cristo y el Anticristo, encarna la gran síntesis de este movimiento», afirma ahí Gandía. «Es el poeta más puro y más moderno del Romanticismo francés», añade. Por no hablar de su alargada sombra, que persiguieron, entre muchos otros, Marcel ProustOctavio Paz Luis Cernuda.

 

Pasó casi una década entre cavilaciones, odiseas, delirios y otros empeños hasta que culminó este sublime poemario. Fue en 1854, cuando su locura ya estaba desatada y los médicos hablaban de esquizofrenia y sonambulismo. Mientras tanto, él se dedicaba a trazar horóscopos y a conjurar espíritus con ritos más bien extraños. Su salud mental, al cabo, estaba muy tocada en esos años cincuenta, que sin embargo fueron muy prolíficos en lo creativo, como si encontrara luz en sus tinieblas. O monstruos y demás criaturas. «Yo he soñado en la gruta que habita la sirena», escribía en su célebre poema «El desdichado»… «Es la época en la que peor se encuentra y en la que más trabaja. La convivencia de lo imaginario con lo real, lo visible con lo invisible, con el objeto de alcanzar la realidad esencial, son sustanciales en su obra», explica el traductor en la introducción.

 

El 1 de enero, por fin, publica la primera parte de «Aurelia» en la «Reuve de Paris». Sería su último logro. Porque ese mes, el día 26, hacia las tres de la madrugada, Nerval se ahorcó en un callejón oscuro de la capital francesa. Tenía 46 años. El día anterior le había escrito a su tía una breve esquela que terminaba así: «No me esperes hoy, porque la noche será negra y blanca».

 

https://www.abc.es/cultura/libros/abci-gerard-nerval-poeta-mas-loco-y-romantico-paris-termino-ahorcado-201903130154_noticia.html

“Nerval servido por Gandía” por Amador Palacios, ABC, Artes & Letras - 09/03/2019

El gran traductor que fue Ángel Crespo desarrollaba los elogios a las virtudes de una buena traducción comenzando por citar al poeta y caballero Garcilaso, a propósito de referirse el toledano a su amigo Juan Boscán, excelente traductor del italiano, al igual que Ángel Crespo. Garcilaso entonces decía que “es tan dificultoso traducir bien un libro como hacerlo de nuevo”. Crespo tenía una opinión muy alta de la buena traducción literaria, llegando a afirmar que “el ideal de la auténtica traducción literaria es la incorporación a la literatura de la lengua de llegada de la imitación de las obras de partida, lo que supone, caso de conseguirlo, un enriquecimiento de la primera de ellas.

 

            ¿Quién podría asegurar, desconociendo la fuente de la lengua de partida, que este impecable cuarteto de un soneto blanco en alejandrinos, es una traducción?: “Preguntas por qué tengo tanta rabia en mi pecho / Y una cabeza indómita sobre un cuello flexible. / Es que soy descendiente de la estirpe de Anteo / Y devuelvo los dardos contra el dios vencedor”. Pues son los primeros versos del poema “Antéros”, inserto en la colección Les Chimères /Las Quimeras de Gérard de Nerval (Las Quimeras y otros poemas, Colección Visor de Poesía, Madrid, 2018). Su traductor, el conquense de Minglanilla Pedro Gandía, desde luego que incorpora con éxito, como aseguraba Crespo, sus traducciones de Nerval a la literatura en español, pues, al hilo de la aseveración de Garcilaso, los versos procedentes del francés (Tu demandes pourquoi j’ai tant de rage au coeur…) se han generado como nuevos en nuestro idioma.

 

            En su traducción del imprescindible autor de las letras occidentales –Nerval nació en París en 1808, ahorcándose en un sórdido callejón de esta urbe, en 1855, siendo un neto romántico considerado precursor del Simbolismo y antecesor del Surrealismo-, Gandía ha procurado, escribe en su introducción a este corpus nervaliano, “ser lo menos infiel al texto” porque “Todo original es sagrado”. Su adaptación de los versos de Nerval al resultado castellano es intachable por el esmerado trasvase de los ritmos, el surgimiento de las nuevas cadencias, el establecimiento de una pulcra sonoridad. Si Pedro Gandía rehúsa rimar en español como sí riman los vocablos originales: coeur, indomptée, Antée, vainqueur, es porque adopta el eficaz criterio de rechazar las rimas para que, al adaptarlo, no se pierdan los significados y las construcciones verbales genuinas por el hecho de empeñarse en concordar la consonancia de las palabras finales.

 

            Más de una vez se ha reseñado en Artes & Letras la llamativa trayectoria artística e intelectual de Pedro Gandía, que ha tocado tantos palillos.  Incansable viajero y creador muy versátil: poeta, novelista, y no solo traductor del francés, sino también del portugués, del italiano y del inglés, vertiendo al español, además de a Nerval, a Wilde, Gautier, Baudelaire, Valéry, Sandro Penna y Eugénio de Andrade. Escultor, pintor, músico, ilustrador, fotógrafo, videoartista, profesor, marchante, editor. ¿Alguien da más?

“Nerval, simbolismo suicida” por Luis Antonio de Villena, El Norte de Castilla, “La sombra del ciprés” - 02/02/2019

Gérard de Nerval (1808-1845) se suicidó ahorcándose en una callejuela del viejo París -destruida por los grandes bulevares- que se llamó de la Vielle Lanterne , de la Vieja Linterna. Ramón Gómez de la Serna escribió una lírica efigie sobre Nerval. Criado literariamente en el romanticismo (amigo de Hugo y de Gautier) Nerval es el gran precursor del simbolismo, entre viajes a Oriente y a Alemania, sesiones de hachís en el club formado por esos fumadores; Gérard de Nerval es desordenado y a la vez riguroso, como debía ser el padre espiritual de los modernos, desde Baudelaire o Verlaine o Rimbaud hasta ahora mismo, pues sigue siendo el poeta (y autor de mágicos relatos) imprescindible. No viene mal -aunque haya sido muchas veces traducido al español- la antología que Visor publica como “Las quimeras y otros poemas”, hecha por Pedro Gandía.

 

            “Les Chimères” (Las Quimeras) es el conjunto de sonetos brillantes, nuevos, herméticos y luminosos en los que Nerval abre su conciencia a lo infinito, a la desolación vital, y a los mitos renovados del mundo antiguo, ya que como escribe él mismo, “pues un hijo de Grecia hizo de mí la Musa”. Nerval es un visionario, a ratos un loco vidente, que sueña en la perfección desde la melancolía.  El más famoso (y traducido) de esos sonetos, se titula en español “El desdichado”: “Yo soy el Tenebroso -el Viudo-,el Desconsolado,/ Príncipe  de Aquitania en la Torre abolida…” Los signos de saberes gnósticos, se unen al mármol pentélico, y a la continua añoranza de un mundo de plenitudes. Lleno de trastornos, de pobreza a veces, de amantes por las que se obsesiona, como Jenny Colon, actriz y cantante de origen inglés, que morirá en 1842.

 

            En relatos como “Las hijas del fuego” o “Aurelia”, Nerval ve el susurro de hadas misteriosas y terribles que le muestran un más allá, tan turbador como apetecido. Las fotos que le hizo Nadar, enseñan a un hombre que parece mayor de lo que era (se suicidó con 46 años) pero que parece incendiado de pasiones calladas y mundos turbulentos, que ahí capta el silencio. Le dirá a su amigo Arsène Houssaye, que ha escrito sus primeros versos “por entusiasmo juvenil, los siguientes por amor, y los últimos por desesperación.”  Musa y Pitonisa se cruzan en sus abrazos con él. Cultamente paseador de los límites -llevaba zapatos de charol- una noche, presentida, Nerval no puede más y se cuelga. Al amanecer descubren su cadáver una lechera que regresa tarde con un borracho… Pero sus amigos (que ya lo admiran, y él no tiene dinero) le disponen un funeral en Notre-Dame. Se podría decir con más exégesis, pero ahora puede bastar así: Sin Nerval no hubiera existido la modernidad. Que en sus “Quimeras”  deja, por entero, de ser hipotética…

 

https://issuu.com/elnortedecastilla/docs/20190202lsc  (p.5)

Zenda recomienda: Las quimeras y otros poemas, de Gérard de Nerval, ZENDALIBROS.COM - 27/12/2018

Jueves en Zenda. Jueves de poesía. Jueves, en este caso, de Las quimeras y otros poemas, el ejercicio de buceo que en la editorial Visor Libros han llevado a cabo con la obra de Gérard de Nerval, poeta fundamental, junto a Baudelaire, para comprender la génesis del simbolismo francés y el apogeo del romanticismo en el país galo. Este poderosísimo autor se erigió, además, como el anticipadísimo precursor del movimiento surrealista de André Breton, aun viviendo su corta vida —finalizada en la horca y con suicidio— en la primera mitad del siglo XIX.

 

En este volumen, seleccionado, traducido y prologado por Pedro Gandía, se recogen no sólo los sonetos de Las quimeras, sino muchos de los demás poemas que componen el corpus de Gérard de Nerval, un poeta de tremenda dimensión en Francia y al que, hasta la fecha, apenas se había traducido a la lengua española. Este fenómeno anticipa una idea de la cantidad de poesía fundamental y relativamente reciente que todavía permanece lejana a nuestro campo de conocimiento, y acerca de todo el campo que queda por explorar en los vestigios de nuestro pasado lírico.

 

Visor Libros recupera, de este modo, la obra fundamental de un poeta de pureza incontestable, desde el primer poema que compuso con apenas 13 años a su Epitafio, escrito poco antes de ser hallado tras la comisión del citado suicidio. La poesía de Gérard de Nerval, sublimada por un empleo frágil y, al mismo tiempo, voluminoso del lenguaje, se eleva con gracilidad por encima de las páginas de este libro, adquiriendo la vida propia que el poeta francés le insufló al escribirla y que ahora, gracias a Visor, llega a las casas de todos aquellos deseosos por recibir el fuego embriagador de sus quimeras.

 

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Autor: Gérard de Nerval. Traductor: Pedro Gandía. Título: Las quimeras y otros poemas. Editorial: Visor Libros. Venta: AmazonFnac y Casa del Libro.

 

https://www.zendalibros.com/zenda-recomienda-las-quimeras-otros-poemas-gerard-nerval/